14 de abril de 2009

Caos

Post office, 33rd and 8th, Richard Estes (2004). Grabado en madera (Xilografía en color).


Reconozco que soy una persona muy urbanita, en el sentido de que me gusta mucho vivir en la ciudad por la oferta de ocio y cultura que ésto conlleva, pero también soy una persona que necesita rodearse de paz y armonía para conservar el equilibrio, y eso en un entorno urbano a veces es realmente complicado.

Y es que hay días en los que parece que el mundo está patas arriba...

Ves el telediario y todo es muerte y corrupción, te deprimes pensando en lo mal que está el mundo y decides apagar la tele.

Sales a la calle a pasear y todo el mundo corre, todo va deprisa, alguien grita mientras habla por un móvil, una señora murmura improperios porque el autobús está tardando demasiado, un hombre en su coche pita sin descanso porque han aparcado en segunda fila, un niño berrea con una pataleta tremenda mientras su madre lo arrastra lejos de un escaparate de golosinas, se acerca una ambulancia con su sirena a toda velocidad...

Decides volver a casa y refugiarte en un buen libro, pero los vecinos quien sabe por qué comienzan a arrastrar muebles, y la escalera es un constante jaleo de gente gritando, subiendo y bajando.

Entonces terminas sentándote ante el ordenador para navegar un rato y tratas de recordar porqué te gustaba eso de vivir en la ciudad (que afortunadamente no es de las mas grandes, dios mío) y piensas en lo estupendo que sería vivir en un lugar donde se escuchase cantar a los pájaros, donde se pudiesen ver estrellas por la noche, y donde poder disfrutar de un rato de silencio sin necesidad de ponerte unos tapones.

12 comentarios:

PJW dijo...

¿tu y yo no vivimos juntos?

extrañas coincidencias...

un mua

Belén dijo...

Ais si es que es duro esto de las ciudades, pero como nos gusta!

Besicos

La Dama Se Esconde dijo...

Me identifico totalmente con lo de urbanita, y con ciertas ocasiones en que todos los elementos se vuelven enemigos…

Entonces es cuando deseo DESCONECTAR. Esta Semana Santa lo he conseguido por completo y durante cuatro días he estado fuera de mi ciudad (más bien pequeña), sin ver un telediario, ni leer un titular de prensa, sin internet… Aire libre, paisajes agrestes, el mar, las olas rompiendo contra las rocas, unos amigos y altas dosis de risas. LO NECESITABA TANTO.

Biquiños

viviendonos dijo...

My dear,
simplemente leyendo tu post me he agobiado al imaginarme la situación; y aunque es cierto, a mi me gusta disfrutar de la ciudad, puedo huir de todo eso que comentas cuando vuelvo a mi guarida, a escaos metros del parque natural de Sierra Nevada. Esta misma tarde, corriendo monte arriba, entre los pinos, con una lluvia primaveral que empezó a caer y la ciudad mora al fondo encendiendo sus luces....

te mando un soplo de aire fresco !

gamusillia dijo...

Es esa extraña relación amor-odio que todos tenemos con las ciudades, y más si vives en una gran ciudad que no es nuestro caso.

Siempre nos quedará el Pueblo de nuestros padres...los que lo tengan, claro. Para los demás, háganse con uno. Merece la pena.

Santiago de Urraza dijo...

no he leído, sólo quiero decirte que me he quedado alucinado con la imagen que ilustra el post.

artimaña dijo...

Si, no hay nada como las escenas urbanitas de Richard Estes. Es increíble su hiperrealismo hecho con óleo.

isobel dijo...

seguro seguro que en tu ciudad hay algún lugar donde se pueden escuchar los pájaros y si me tientas, un buen cine, besitos

Sara dijo...

Pero, en todas las ciudades hay un lugar y una hora (por ejemplo, el Parque Grande a las ocho de la mañana de un domingo de primavera)donde todo es paz, y los pájaros se vuelven locos cantando, y una se reconcilia con el mundo.
Besicos tranquilos.

irene dijo...

La curiosidad me trajo aquí, la curiosidad de tu nombre que coincide con el mío, aunque sólo en el blog.
Si tu te quejas de lo ruidosa de tu preciosa ciudad, qué haré yo, con este Madrid que a veces me desquicia, prisas, ruido, contaminación..., pero reconozcamos que también tienen sus cosas buenas.
Besicos, Irene buscando la felicidad. Ojalá la encuentres, eres muy joven, no como otras, tienes mucho tiempo todavía.

Sara dijo...

Irene, no te quejes, q tienes el Retiro... no veas como lo echo de menos, esos paseos hasta llegar al pie del precioso Angel caído. Por la mañana, muy temprano, es un remanso de paz.
Besicos.

Nome Andrés dijo...

Digamos que cada cosa en su momento tiene su encanto: desde los coches hasta los árboles. No sé si la modernidad y la vida urbana será una fatalidad, pero seguro que la vida en el campo sin las ventajas que allí nos llevamos de la ciudad, también lo sería. Más o menos todo, claro. Un saludo